1. La supuesta red subterránea de Sevilla

Durante décadas, la gente ha hablado de túneles que conectan el Alcázar, la Catedral y antiguos palacios. Algunos señalan refugios de la Guerra Civil y desagües romanos como prueba de que todavía hay pasadizos bajo el centro. Desprendimientos ocasionales y hallazgos en reformas mantienen viva la historia. Los historiadores de la ciudad dicen que en su mayoría son tuberías y bodegas, pero a los guías aún les preguntan por el túnel real.
2. El lugar de nacimiento del flamenco que todos reclaman

Triana, Jerez, Utrera y Cádiz reclaman cada una ser el lugar donde nació el flamenco. Los árboles genealógicos de cantaores y bailaores se usan como si fueran pruebas en un juicio. Grabaciones antiguas y archivos respaldan distintos bandos según lo que se considere el primer ejemplo. Las discusiones son acaloradas pero suelen terminar con canciones compartidas a las 3 de la madrugada.
3. El mito del agua nocturna del Generalife

Parejas en Granada dicen que los canales de agua del Generalife cantan ciertas noches. La idea es que la velocidad del flujo, los ángulos de las piedras y los insectos crean una melodía oculta. Algunos guías siguen la broma, otros ponen los ojos en blanco. La mayoría de los visitantes oye ranas y motos lejanas, pero la historia perdura.
4. La ruta del robo de aceite de oliva

Los propietarios de almazaras comparten historias sobre camiones cisterna y furgonetas que transportan aceite robado antes del amanecer. Cuando suben los precios, los rumores se vuelven más exagerados, con mapas de rutas seguras y peligrosas que se pasan en los bares. Los informes policiales confirman robos de vez en cuando, pero la supuesta carretera secreta sigue cambiando. Parece mitad boletín delictivo y mitad cuento alrededor de la hoguera.
5. Bares de Cádiz que nunca cierran

Se dice que las viejas tabernas junto al muelle funcionan con un ritmo rotatorio, de modo que siempre hay alguna puerta abierta en algún lugar. Los relojes en la pared están clavados en las horas felices, y los camareros guiñan el ojo cuando se pregunta por la hora de cierre. En realidad, existen normas y las persianas bajan, solo que no cuando los marineros lo recuerdan. El mito sobrevive porque siempre hay quien conoce a un primo con llave.